Como las dos mitades de un todo, los frascos y el embalaje de La Femme Prada y L’Homme Prada no se contraponen, sino que se complementan. Una rica e inesperada combinación de tradición y simbolismo, así como una exquisita atención a los detalles se materializan en cada una de las fragancias, aunando los códigos de la moda y la arquitectura.

L’Homme Prada retoma el lenguaje clásico y distintivo de la firma. El icónico Saffiano de Prada, envuelve de negro la curva de la parte posterior del frasco, y el sencillo diseño grabado
en el embalaje exterior. La parte frontal del frasco muestra el logotipo original de Prada en relieve plateado, que se retoma como imagen invertida, grabada en bajorrelieve, en la parte posterior. Los valores absolutos de la casa, el negro y el plateado, se aplican a la fragancia masculina, reflejando así las notas frías de la fragancia, mientras que su cristal grisáceo subraya su clasicismo. Asimismo, el diseño casi arquitectónico del frasco homenajea los interiores de Prada, que recuerdan al estilo de un joyero, y el juego de espejos en su interior refleja la luz y multiplica las imágenes. Se erige así como metáfora de las múltiples identidades de L’Homme Prada y de la naturaleza polifacética
de la propia firma.