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El método instintivo y humano que Prada sigue para formular sus perfumes, combinando excelencia artesanal y creatividad sin límites, se reconoce claramente en los mapas olfativos de La Femme Prada y de L’Homme Prada. Concebidas como un viaje a través del espacio, el tiempo y la memoria, los perfumes femenino y el masculino se unen en un punto de encuentro sensual, y confirman una relación estética basada en la experimentación y la tradición.

Como una quimera olfativa, La Femme Prada es una llamada a la emoción. Desviándose de las senderos habituales de la perfumería, su estela de frangipani evoca una evasión sensorial. Esta nota solar, floral e hipersensual, rememora el frescor del rocío sobre une flor exótica. La nota se entremezcla con ylang-ylang, cuyos toques especiados se suavizan con cera de abeja, vainilla y nardo. La destilación de vetiver culmina la fragancia, completando y redondeando su esencia.